REFERENCIA HISTÓRICA DE LA VIDA DE

SOR MERCEDES DEL NIÑO JESÚS GUERRA

 

Nació en Salavina, Santiago del Estero, República Argentina en el mes de Septiembre de 1817. Hija de Antonio Guerra, español y de doña Inés Contreras, santiagueña. El 7 de Diciembre es bautizada en la Iglesia del Carmen de la Villa de Salavina.

Como a los casi dos años entre 1817-1821 pierde a su madre. Su padre la condujo a Córdoba, donde procuró darle la educación que convenía a su situación social y a su familia. Hacia 1821 muere Don Antonio Guerra. Vive con su hermana Juana María, Fortunata y Tránsito, asiste al Colegio de las Huérfanas de Santa Teresa en calidad de alumna externa. Hacia 1837 en adelante, cose con su hermana para el ejército de la Patria, a instancias de su cuñado, el coronel Don Domingo Riesco, amigo del general Manuel Belgrano.

Allí pasó los años de su adolescencia, juventud en la cual despuntó desde temprano un fervoroso anhelo de ser religiosa franciscana. Sin embargo, su clara vocación fue rigurosamente probada, ya que recién después de 10 años de espera pudo ingresar (1847-1857) y el 3 de Marzo de 1857 toma el velo e ingresa en Clausura, con las Monjas Clarisas Capuchinas de la ciudad de Buenos Aires, tenía entonces 40 años.

Pero muy pronto tuvo que abandonar el convento con íntimo dolor de su alma, ya que su salud débil y quebradiza es afectada por un carbúnculo (es una especie de grano que estaba en la frente, y que le producía alta fiebre) que la llevaba a no poder soportar las austeridades de la regla del Monasterio.

Dispuesta a ser franciscana no sólo de corazón, sino también en las obras, hacia 1859 se dedicó a enseñar a domicilio a los alumnos incorregibles en forma gratuita, recibir pensionistas y a cuidar a los enfermos a domicilio con profunda abnegación.

Hacia varios años que Sor Mercedes estaba consagrada a los que sufren, y cuando 1831 se declaró la epidemia de la fiebre amarilla, ella asiste a los apestados (mueren mas de 12.000 muertos en la ciudad), amplio campo de acción que se le ofreció. Olvidándose de sí misma, del peligro de contagio que corría de su propia debilidad física, porque queda inválida; multiplicó sus esfuezos, valiéndose de una muleta, para asistir material y espiritualmente a los apestados. Con tal sacrificio y abnegación mereció después el aplauso de la sociedad porteña que se concretó en un premio que le otorgó la Municipalidad y la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires.

Su vida estaba marcada por el sufrimiento, y este volvió a visitarla mediante una prueba que puso de manifiesto toda la profundidad de su fe y entereza de su temple el 22 de Mayo de 1822. De momento para otro, asistiendo al señor Ambrosio Lezica, que estaba enfermo, quedó ciega sufriendo agudos dolores en los ojos. El Dr. Cleto Aguirre uno de los fundadores de la oftalmología argentina, le aconseja una intervención quirúrgica para calmar el tormento. Ella acepta y es operada por él, quedando ciega durante 18 meses. Hasta que el Señor por mediación de la Santísima Madre, se dignó devolverle el don de la vista, en forma completamente singular. Cuando un hijo del Señor Lezica, Domingo Faustino, regresa de Francia en 1873 le ofrece agua de Lourdes. Mercedes reza la novena echando mano del agua y recobra la visión. Ante este MILAGRO los hombres de ciencia se muestran incrédulos pero ella no se deja condicionar ante tal actitud y continúa con la actividad de cumplir con la promesa realizada: "fundar una sociedad o congregación que se dedicara especialmente al cuidado de los enfermos a domicilio sin distinción de credo ni de clases sociales". Manifiesto al pueblo de Buenos Aires. En 1873 viste el hábito franciscano abierto, con autorización de sus superiores. Nuclea amigas y terciarias que la acompañen en dicha tarea.

 Así nace el Instituto de Las Hermanas Terciarias Franciscanas de la Caridad, fruto del más acendrado amor a Dios y al Prójimo con el lema "VOLAR A TODAS PARTES DONDE EL DOLOR DEL PRÓJIMO NOS LLAME". Quedó instituido canónicamente como tal el 13 de Abril de 1880 en que se vistieron con el hábito de novicias ocho señoritas deseosas de sacrificio. Ante la presencia del Monseñor Aneiros (quién tantas veces había negado la realización de dicha Fundación) y autoridades de la orden de San Francisco de Asís. Con sus hijas asiste a los caídos en el campo de batalla de la Revolución del 80 por la Federalización de Buenos Aires (Belgrano y Barracas).

El 15 de agosto de 1884 participa del 1º Encuentro Católico Argentino, en el cual se debaten problemas sociales y educacionales. José Manuel Estrada la distingue con un premio por los servicios asistenciales prestados a la patria. En este mismo año se produce el cólera morbus, ella con las hermanas brindan la asistencia en los lazaretos de Lobos y de Chascomús (pcia. de Buenos Aires). Por esta colaboración recibe un agradecimiento especial de sendos municipios.

En 1888 se traslada con otras hermanas a El Recreo, frente a la laguna de Chascomús, para fundar un asilo con el nombre de San José, de niños huérfanos, pobres y desvalidos, porque sus padres fallecieron por la enfermedad del cólera. Obra que realizó con mucha abnegación e incomprensión de las personas más cercanas a ella, pero que la autoridad eclesiástica supo apoyarla y defenderla en dicha misión, el Monseñor Federico Aneiros. En la capilla de Chascomús toma hábito una novicia con la asistencia de Monseñor José María Bottano (ofm), Guardián de San francisco (Bs. As.) y futuro Arzobispo bonaerense. En 1985, Madre Mercedes Guerra tiene un desmejoramiento de salud hasta tal punto que debe estar postrada, junto a ello se le agregan problemas económicos-administrativos en el Asilo. Más tarde, logra mejorarse y asiste a la profesión de una religiosa y a la toma de velo de siete postulantes, con la presencia del Arzobispo Aneiros.

Hacia 1900, cuando el Papa León XIII celebra el gran jubileo de Roma, la Madre Mercedes participa llena de alegría de la peregrinación argentina. Tenía entonces 84 años. Al verla León XIII a sus pies por intuición divina, el 4 de octubre exclama: ¡He aquí el tipo de mujer fuerte!, obsequiándole una hermosa medalla. Ganado el jubileo y recibido la bendición apostólica, retorna a su patria el 26 de noviembre.

Decae notablemente su salud en 1901. En junio es trasladada a Buenos Aires por las señoras, Cármen Madariaga de Gallino y Josefa Manterola de Vassalicós, para ser atendida por el Dr. P. Paulucci. Acuden a saludarla el Arzobispo de Buenos Aires y el Obispo de La Plata. Toda la sociedad sigue la evolución de su salud, y el 31 de julio a las 21:30 horas en la calle Lavalle 1737 muere sonriendo, dejando a sus hijas y al pueblo argentino la antorcha perenne de sus virtudes y de abnegación, y sublime caridad. Sus restos fueron inhumados en la Chacarita, en Panteón de la Congregación. El 31 de 1962, fueron trasladados a la Iglesia de San Idelfonso, junto a la casa Madre, y en 1978 sus restos son colocados en la Capilla de la Casa Madre de las Hermanas Terciarias Franciscanas de la Caridad, donde espera la exaltación de sus virtudes .

 

Documento generado por las Hermanas Franciscanas del Colegio "Madre Mercedes Guerra" - 1999

Resumen general correspondiente al Libro "Merdeces Guerra, huellas de una mujer argentina" de Aldo Marcos de Castro Paz

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